Este síndrome afecta principalmente a los hermanos mayores cuando llega un hermanito, aunque de forma menos intensa al penúltimo hijo.
Aunque las familias numerosas son menos comunes hoy en día, con un aumento de hogares con un solo hijo, aún hay muchos núcleos con hermanos mayores susceptibles a este síndrome.
Los segundos o terceros hijos suelen evitarlo porque han nacido con hermanos ya presentes, sin haber experimentado la exclusividad en el afecto parental. A continuación, exploramos sus causas y estrategias para manejarlo.
Cuando llega el "intruso"
El síndrome engloba un conjunto de conductas y reacciones típicas en el hijo mayor ante la llegada de un hermano, percibido inicialmente como un intruso en lugar de un vínculo familiar.
La mayoría de los hermanos mayores lo experimentan en algún grado, aunque suele ser transitorio. En casos graves, puede volverse crónico y afectar el bienestar emocional e incluso la salud física del niño.
El síntoma principal es el deseo intenso de captar la atención parental, junto con impulsos agresivos hacia el nuevo bebé, pese a aparentar cariño. Una mala gestión por parte de los padres puede causar daños duraderos.
Los síntomas del síndrome
Los niños pequeños afectados no comprenden su rechazo; solo perciben que toda la atención se centra en el bebé recién llegado.
Los cambios conductuales más comunes incluyen:
- Mayor agresividad.
- Pasividad extrema.
- Bajo rendimiento escolar.
- Introversión.
- Desatención.
- Poca participación en juegos.
- Alteraciones en el apetito.
- Problemas de sueño.
- Rabietas frecuentes.
- Regresiones como chuparse el dedo o lenguaje infantil.
También pueden surgir síntomas físicos: problemas digestivos, infecciones, dolores de cabeza, alergias (dermatitis, asma), fiebre o convulsiones en casos extremos.
¿Qué hacer para superarlo?
Sin una intervención adecuada, este síndrome puede extenderse a la adultez, generando sentimientos de abandono, celos crónicos y duelo inexplicable.
Inicia la preparación antes del nacimiento: involucra al niño en los preparativos, como elegir el espacio del bebé, comprar ropa o accesorios, explicando la ausencia temporal de la madre.
Mantén su importancia en la familia: comparte la llegada del bebé como un evento positivo conjunto, sin desplazar sus rutinas afectivas. Si persisten dificultades, consulta a un terapeuta infantil especializado.