Desde que era bebé, es probable que tu hijo haya explorado el mundo llevándose objetos a la boca. Esta conducta no desaparece al cumplir el primer año. "Ya sea masticando el brazo de un amigo o mordiendo durante la lactancia, los niños de 1 año usan la boca como principal herramienta de exploración", explica Erin Floyd, Ph.D., psicóloga clínica infantil en Atlanta.
Aunque las situaciones varían, a esta edad las mordeduras no son maliciosas, según Aubyn Stahmer, Ph.D., psicóloga clínica del Children's Hospital en San Diego. Descubre las causas comunes y consejos prácticos respaldados por expertos para que tu pequeño deje de morder.
Causas de las mordeduras en niños pequeños
Entender por qué tu hijo muerde es clave para abordarlo. Generalmente, ocurre por estas razones:
Exploración sensorial. "A los niños pequeños les encanta explorar oralmente; es una forma de conocer el mundo y obtener consuelo", afirma Judith Garrard, Ph.D., psicóloga y profesora de salud pública en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Minnesota, en Minneapolis. Morder es pura curiosidad sensorial.
Comunicación de emociones. Expresar sentimientos verbalmente es difícil a esta edad. "Sin habilidades lingüísticas avanzadas, muerden para mostrar frustración, entusiasmo, ansiedad o aburrimiento", detalla la Dra. Stahmer.
Defensa ante molestias. Si otro niño le quita un juguete o le jala el pelo, muerde por falta de autocontrol. Por eso es común en guarderías.
Experimentación causa-efecto. A esta edad, prueban acciones y reacciones, como muchos juguetes ruidosos. Morder genera respuestas predecibles.
Sobreestimulación. El agotamiento o exceso de estímulos provoca mordeduras. Prioriza rutinas tranquilas tras actividades intensas.
Estrategias para prevenir mordeduras en niños pequeños
Tu hijo ve el mordisco como solución a frustraciones. Ayúdalo con estas 10 tácticas probadas:
Reacciona inmediatamente. Usa frases cortas con tono firme: "¡No muerdas! ¡Eso duele!". Luego, redirige a una actividad positiva, recomienda Katrina Reynolds, R.N., enfermera pediátrica en Gaithersburg, Maryland. El tono transmite el mensaje.
Fomenta el uso de palabras. Enséñale alternativas: "Di 'No quiero' o pide ayuda", sugiere la Dra. Stahmer.
Valida sus emociones. Di: "Sé que te molesta que te quiten el juguete". Un abrazo calma rápidamente.
Identifica desencadenantes. Si un juguete específico provoca celos, ten duplicados listos.
No premies la agresión. Quita el juguete ganado con mordida. Si funciona, se repetirá, advierte Gretchen Kinnell, autora de No Biting y directora de educación en el Child Care Council of Onondaga County, Nueva York.
Atención a la víctima. Consuela al herido y elogia el buen comportamiento: "¡Qué bien compartiste!".
Supervisa de cerca. Anticipa y previene conflictos, retirando juguetes problemáticos.
Ofrece sustitutos seguros. Como una toallita para masticar cuando esté irritable.
Más cariño en transiciones. Cambios como destete o nuevos hermanos generan estrés. Atención extra resuelve mordeduras crónicas, indica la Dra. Stahmer.
Sé un modelo positivo. Evita juegos de mordisqueo; tu hijo imita todo.
Conclusión
Las mordeduras no son personales, sino comunicación primitiva. Con consistencia, transformarás esas dentelladas en sonrisas. Actualizado por Megan Mattesy y Reshma Memon Yaqub.