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Guía práctica para padres: Cómo hablar con tus hijos sobre la ansiedad

¿Te has preguntado si tu hijo padece ansiedad? ¿Has notado un aumento desde la pandemia de COVID-19? Los datos confirman este incremento. Aunque un profesional de la salud mental licenciado ofrece el apoyo individual ideal (encuentra terapeutas en México, España, Chile, Argentina o Colombia), aquí te comparto estrategias basadas en evidencia para conversar con tu hijo sobre su ansiedad de manera efectiva.

1. No importa si el temor es “real”: los hechos rara vez lo calman de inmediato

Imagina que en un centro comercial anuncian el remolque de un auto como el tuyo: sientes ansiedad hasta verificar. Lo mismo ocurre con los niños. Rara vez los hechos disipan el miedo al instante, como mostrar que no hay monstruos bajo la cama. Enfócate en validar sus emociones reales, no en debatir la causa.

2. La ansiedad en niños se manifiesta más físicamente, sobre todo en edades tempranas

Presta atención a quejas como fatiga, dolores estomacales, de cabeza, escalofríos u opresión en el pecho. Consulta siempre al pediatra, pero estos síntomas pueden asustar a un niño sin experiencia previa en ansiedad. Ayúdalo a nombrarlos: “Es normal sentir nervios antes de la escuela. A mí también me pasa a veces en el trabajo. Cuéntame más”. Así conectas mente y cuerpo.

3. Enfrenta la ansiedad: no siempre se resuelve con razonamientos

El tratamiento más respaldado por evidencia es la exposición gradual al temor. Para miedo a la oscuridad, acostúmbrialo poco a poco en la habitación a oscuras. Para perros, acércalo a uno confiable. En casos complejos como el bullying, combina con apoyo profesional.

4. Si no se puede enfrentar, acéptalo y siéntalo

“Siéntate” con la ansiedad hasta que el cuerpo se adapte. Como padres, ofrece apoyo emocional y físico (un abrazo ayuda). Explora sus peores pensamientos sin distraerlo; deja que las emociones se disipen solas, como aclimatarse a una piscina fría.

5. Dale nombre, acéptalo y burlate de él

Usa la imaginación infantil: “¿Cómo se llama tu ansiedad? ¿Qué aspecto tiene?”. Conviértela en un “amigo molesto” o hermano irritante. Anímalo a responder con sarcasmo: “¡Cállate, eres un perdedor!”. Así reduce la vergüenza y gana control.

Nadie vive sin ansiedad, pero con guía de adultos confiables, tus hijos aprenderán a manejarla saludablemente.