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Cómo tratar la tularemia en gatos

La tularemia, conocida como la fiebre de los conejos, es una enfermedad rara que se da con más frecuencia en gatos que en perros. Aunque es poco común, te recomendamos que la conozcas porque ha habido casos de brotes en mascotas con un alto nivel de mortalidad. La tularemia es una enfermedad bacteriana zoonótica que se transmite a través de las garrapatas y que puede ocasionar síntomas como pérdida de apetito, fiebre, deshidratación, infecciones en los ojos y agrandamiento del bazo o del hígado, aunque estos variarán en función de la gravedad de la infección. Si quieres saber más, sigue leyendo, en unComo.com te mostramos cómo tratar la turalemia en gatos.

Pasos a seguir: 1

Como hemos comentado, la tularemia es una enfermedad causada por la bacteria Francisella tularensis, la cual puede propagarse de un animal a otro a través de las garrapatas. Estas cogen la infección al alimentarse de aves u otros animales infectados y, además, podrían transmitirla a otros seres en cualquier momento de su ciclo de vital que dura 2 años. Las moscas de venado y las pulgas también pueden transmitir la tularemia. Otra manera de que tu gato esté expuesto es si consume algún conejo u otro roedor infectado.

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La Francisella tularensis ataca a los órganos y los fluidos de los animales infectados que, en consecuencia, contaminan todo el medio que les rodea. Esta bacteria puede vivir durante meses en el agua, la vegetación y el suelo y tu gato podría resultar infectado si dicha bacteria entra a través de la piel o se introduce en sus vías respiratorias, los ojos o el aparato digestivo. Aparte de los conejos y otros roedores, la tularemia puede propagarse a través de la raza almizclera y el castor. Los gatos, los perros, las aves, los caballos, los cerdos, las ovejas, los peces y también los humanos pueden contraer esta enfermedad.

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Los síntomas de la tularemia son más comunes en gatos que en perro y, especialmente, en los más jóvenes. Un felino con una leve infección podría no reflejar ningún signo de enfermedad o incluso padecer de forma muy breve y sutil falta de apetito, un poco de fiebre y letargo. En los casos más graves, tu gato puede sufrir fiebre alta, inflamación de los ganglios linfáticos, úlceras, infecciones oculares, úlceras en la boca, ictericia, drenaje de abscesos y agrandamiento del bazo o el hígado.

Esta enfermedad se diagnostica teniendo en cuenta los signos clínicos y realizando una prueba de anticuerpos. Aunque es cierto que estos puede que no se detecten al principio de la enfermedad.

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Una vez tu gato ha sido diagnosticado de turalemia, el tratamiento más habitual es con antibióticos, el cual será más eficaz si la infección se ha detectado con tiempo.

Tu veterinario también te recomendará que paralelamente a los antibióticos, tome algún suplemento probiótico. Es muy importante que esta enfermedad se trate, porque la tasa de mortalidad es elevada. Así que si observas algunos síntomas o tu gato puede estar expuesto a la bacteria F. tularensis, toma precauciones y acude al veterinario.

Por otro lado, si tu gato ha contraído tularemia debe ser aislado del resto de animales y de sus cuidadores para evitar que la enfermedad se propague. En gatos, es más común que la bacteria entre en su organismo a través de las mucosas, por inhalación o por la piel dañada.

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También es importante para evitar contagios que se tomen ciertas precauciones. Hay que evitar los animales muertos, no dejes a tu mascota suelta cuando lo lleves de paseo a zonas que no conoces para impedir que entre en contacto con animales que han fallecido. Si has de mover a un ser vivo muerto, no lo toques directamente, usa una pala para recogerlo o cualquier otro método que implique no entrar en contacto con él.

Es recomendable que uses un preventivo de pulgas y garrapatas para tu gato, ante las dudas habla con tu veterinario para que te recomiende la mejor opción y así tu mascota estará protegida. En el siguiente artículo te damos buenos consejos acerca de cómo desparasitar a un gato. Y por último, un dato importante es que la carne de conejo congelada puede contener la bacteria por un periodo de hasta 3 años.