Los síntomas de la enfermedad hepática en perros y gatos incluyen falta de apetito, vómitos, diarrea, aumento de la sed y la micción, letargo, ictericia y, en casos graves, convulsiones. El diagnóstico se basa en análisis de sangre y orina, radiografías abdominales y ecografías.
Desafortunadamente, no existe cura específica para la enfermedad hepática en perros y gatos, salvo la eliminación de una toxina identificada. El tratamiento de soporte incluye fluidos intravenosos y alimentación asistida —preferida en gatos con lipidosis hepática—, generalmente mediante sonda gastrostómica durante meses.
La terapia dietética: pilar del tratamiento
La dieta es fundamental en el manejo de la enfermedad hepática. Carbohidratos de alta calidad y digestibilidad proporcionan energía sin sobrecargar el hígado, mientras que los de baja calidad generan amoníaco por fermentación, agravando la toxicidad.
Se recomiendan comidas frecuentes con carbohidratos simples como arroz blanco y patatas. Incluye verduras para fibra, que atrapa toxinas intestinales y favorece su eliminación mediante movimientos intestinales regulares.
Estudios indican que perros con dietas altas en proteínas cárnicas presentan menor supervivencia y síntomas más graves que aquellos con proteínas lácteas o de soja.
Los gatos necesitan más proteínas que los perros. Aunque las basadas en leche o soja son ideales, prefieren las cárnicas. Si se usan alternativas, suplementa con taurina, ausente en soja y escasa en leche.
El cardo mariano es un aliado habitual en intoxicaciones, toxicidad o tratamientos con fármacos hepatotóxicos como quimioterapia, antiparasitarios cardíacos, antibióticos o corticosteroides prolongados.
Otros suplementos recomendados
Además del cardo mariano, considera colina, carnitina, arginina, boswellia, bardana, raíz de diente de león, regaliz, ortiga, uva de Oregón, trébol rojo, cúrcuma, muelles amarillos y hongos maitake para un tratamiento integral.